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Poder contra poderes

En la sección Política por el 1 septiembre 2009 a las 6:36 am

Los enfrentamientos entre los gobiernos de los países y los poderes fácticos son una de las más antiguas luchas de poder. Días atrás, el gobierno argentino ingresó en un duro enfrentamiento con dos de los más antiguos exponentes de esos poderes: la iglesia católica y los grandes medios de comunicación. La historia es interesante porque refleja las diferencias de pensamiento de esos sectores, y tienen mucho que ver con la realidad mexicana, en donde la iglesia y los medios tienen una influencia social y política descomunal.
El enfrentamiento más notorio fue con la Iglesia y tuvo que ver, como no, con la educación sexual en la escuelas. Tiempo atrás, el gobierno publicó el Material de Formación de Formadores en Educación Sexual y Prevención del VIH/sida, aprobado por organismos internacionales, con el objetivo de luchar contra tres flagelos de ese país del sur, que son parte también de la realidad mexicana: el abuso infantil, las enfermedades de transmisión sexual, y el embarazo indeseado fundamentalmente en adolescentes.
El manual está destinado a los docentes, principalmente de la zona noroeste del país, en donde estos temas se han convertido en un verdadero problema social. Como toda forma moderna de encarar el tema, el manual busca, entre otras cosas, que los educadores sepan como guiar a los jóvenes para relaciones sexuales seguras, mediante el uso de preservativos, y reconoce la elección de la sexualidad de cada persona.
Pero la iglesia no vio con buenos ojos la iniciativa. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, la capital de la provincia de Buenos Aires, la más grande del país, quien es también titular de la Comisión de Educación Católica, atacó duramente al manual, al que acusó de otorgar “carta de ciudadanía a la homosexualidad y sus variantes”, y por entender la educación sexual en tanto “reivindicación del derecho a fornicar lo más temprano posible, y sin olvidar el condón”.
En un comunicado, el arzobispo dijo: “Se afirma expresamente que la escuela debe orientar sobre el uso exclusivo del preservativo como único medio de protección eficaz en la relación sexual frente al VIH, tanto para los varones como para las mujeres. ¿No sería más eficaz, e indudablemente segura, la abstinencia de las relaciones sexuales prematuras e irresponsables?”.
Esa postura, lógicamente, causó críticas y hasta indignación en algunos sectores sociales, que acusaron a la iglesia, entre otras cosas, de no entender el momento histórico que se está viviendo en el mundo, en cuanto a relaciones sexuales se refiere.
Una postura más suave, pero no menos crítica, expresó el Ministro de Educación de Argentina, Alberto Sileoni. “No creemos que la escuela tenga que ser una distribuidora de preservativos, pero vamos a trabajar sobre tres puntos, que son abuso infantil, embarazo temprano y enfermedades de transmisión sexual”, dijo.
“El preservativo es un método seguro para prevenir las enfermedades de transmisión sexual”, agregó, “no lo inventamos en la Argentina, es una opinión con consenso internacional”. Además, aclaró que la distribución del mencionado manual proviene de una ley dictada en tal sentido, y destacó que la ley “está para ser cumplida”.
Finalmente, el Ministro se defendió de la crítica de la iglesia, en el sentido de que se estaban propiciando relaciones sexuales sin amor. “No creemos que sea un valor la relación sexual vacía, la reducción de la sexualidad a la mera genitalidad”, dijo el funcionario, “también hablamos del amor, de la afectividad, del encuentro con el otro, el respeto. Tenemos documentos que llegan a las escuelas donde decimos que la primera formadora es la familia”.
Pero la iglesia tiene otros tiempos y otras formas de tratar estos temas. Según informó el diario Perfil, en 2007 la Conferencia Episcopal Argentina presentó un manual propio, denominado de “educación para el amor” que marcaba sus tiempos y modos de enseñanza de la sexualidad a los niños y adolescentes. Según ese manual, a los 6 años los alumnos deben aprender los principios religiosos de la persona humana y la familia; a los 12, la diferencia entre el impulso sexual, el instinto sexual y la tendencia al amor, para no caer en la “confusión entre placer y felicidad”, y a los 13 aprenderían sobre “desviaciones sexuales”.
Los años siguientes los utilizarían para aprender  sobre el “noviazgo digno y feliz”, el “significado y valor de la virginidad”, la homosexualidad, y el sida, y los “peligros de los métodos anticonceptivos y el aborto”.
El tema no es menor, porque refleja la postura de la iglesia en un tema demasiado espinoso. Mientras la escuela intentar enseñar a sus alumnos a tener conductas sexuales responsables, la iglesia insiste en negar el uso del condón y predicar la abstinencia, lo que termina generando un doble y contradictorio mensaje hacia los jóvenes. La práctica de la abstinencia sexual es, hoy, casi una utopía. Si, a la par de ese mensaje, se niega el uso del condón, se están creando condiciones para llevar la sexualidad de una manera desordenada y peligrosa.
Se trata, por supuesto, de un asunto internacional. Días atrás, Italia aprobó la venta de una pastilla abortiva, que fue duramente criticada por la iglesia, y en la misma Argentina se habilitó una línea telefónica gratuita para explicar cómo abortar de manera segura. Parece que cada vez más las políticas públicas y la iglesia se separan en este tema.
México no es, de ningún modo, ajeno a estas diferencias de opinión entre la iglesia católica con los gobiernos de turno, que aquí incluye, últimamente, una muy marcada actividad política de los sacerdotes. Aunque ese es otro largo y espinoso tema.

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