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Cuando los niños escriben

En la sección Educación por el 1 diciembre 2009 a las 4:56 pm

Luz Arévalo Montalvo

Maya sin fronteras es una ventana, por decirlo de alguna manera, por la cual pueden asomarse adultos, jóvenes o niños, que así lo deseen; en números anteriores, hemos tenido la oportunidad de dar a conocer composiciones literarias de alumnos de la escuela Secundaria General “Zamná” de la ciudad de Tulum, las cuales han sido apreciadas en su justa dimensión por nuestros lectores; hoy daremos a conocer un hermoso cuento de la imaginación de un par de pequeños de 11 años de edad, quienes cursan el sexto grado en el “Instituto Kambal” de Felipe Carrillo Puerto: Alejandro Canul Arévalo y Erick Herrera González, integrantes del grupo de la maestra María Eugenia Luna Trejo. Disfrútenlo:
“Los Aluxes en las Ruinas”
En un día soleado de verano, mi abuelito, mi primo y yo hicimos una caminata por el monte: encontramos una ruina y cerca de ella había un hombrecito desnudo, famélico, que llevamos al pueblo, allí le dimos comida, agua y ropa. Nos propusimos a educarlo para que viva con nosotros, mi abuelito le enseño a leer y escribir aunque no tomaba las letras en serio, mi primo se propuso enseñarle buenos modales, los cuales le causaban risa, yo quería que aprendiera un oficio para que con esto pudiera vivir en sociedad, pero por más que poníamos empeño en nuestros objetivos, daba la impresión que nada de ello le atraía, entonces empezamos a cuestionarnos sobre cual era el motivo de este comportamiento sin encontrar razón valida alguna. Así que un buen día decidimos dejarlo en paz para ver su reacción, entonces cuando pensó que estaba fuera del alcance de nuestra vista, de manera subrepticia se fue alejando poco a poco hasta encontrarse con sus compañeros, de igual manera nosotros lo seguimos, ya que esta fue la intensión.
Al encontrarse con sus compañeros aluxes, vimos como entraban en un túnel, seguimos tras ellos y ¡Oh sorpresa! ¡Quedamos maravillados! No lo podíamos creer, tallamos nuestros ojos y comprobamos que entraron en un hermoso castillo subterráneo, iluminado por varios soles de hermosos colores que giraban emitiendo luces y sonidos, que al yuxtaponerse lo bañaban de hermosos colores y música jamás oída por los mortales; al pie del castillo había un nido en el cual dormía plácidamente un dragón, rodeado de una barda la cual brillaba con mucho resplandor y de ella salían cabellos que al igual que Medusa, eran serpientes encargadas de cuidar celosamente el nido. Nos quedamos boquiabiertos al ver junta tanta magia pura.
Avanzamos un poco y encontramos una aluxa vendiendo pozole energético que era necesario para seguir el camino, pero ¿con qué pagarle? Tal vez con monedas de oro o piedras preciosas, pero… grande fue nuestra sorpresa al ver que los aluxes le pagaban con maderas talladas en forma de animales; mi primo llevaba un trozo de madera en la bolsa de su pantalón y mi abuelito una navaja filosa, rápidamente tallé la figura de un hermoso jaguar y discretamente se la ofrecí a la vendedora, ella se asustó al recorrernos con la mirada, ya que le parecimos gigantescos, dado su diminuto cuerpo, sin embargo comprendió la necesidad nuestra de su rico alimento, lo tomamos e inmediatamente nos salieron alas en la espalda, las cuales al ser agitadas nos elevaron hacia alturas insospechadas, pudimos observar un lugar maravilloso, más allá de cualquier loca imaginación, vimos dinosaurios, dragones, una exuberante vegetación, plantas carnívoras gigantescas, piedras preciosas de gran tamaño (que una milésima parte costaría en nuestro medio una fortuna), unicornios alados hermosísimos con llamas por cabello, un sinfín de maravillas jamás vistas; como el efecto del pozole se estaba acabando, tuvimos que buscar un lugar para aterrizar, a lo lejos vimos un lago donde una manada de unicornios se refrescaban (sin apagárseles las llamas ) y hacia allí nos dirigimos para acuatizar. Los unicornios nos recibieron amablemente, sorprendiéndonos que hablaran en todas las lenguas. Pero nuestra curiosidad crecía y decidimos ir más allá de lo visto, para lo cual pedimos a nuestros nuevos amigos nos llevaran en sus lomos y así seguir recorriendo tan fantástico lugar, ellos con todo gusto aceptaron nuestro deseo, pero nos pidieron que nos cuidáramos del dragón cercado, ya que tenía un apetito feroz y se despertaba a las 6 de la tarde al desvanecerse su cerca y entonces salía en busca de su alimento, que era preferentemente humanos, cosa que nos asustó demasiado y preferimos iniciar nuestro camino de regreso, pero eran las 5:58 ¡Nooo! ¡Ese era nuestro final! así que le pedimos a los unicornios que nos escondieran, en ese momento apareció el dragón con una brocheta de alux asado, al vernos se relamió los bigotes y entrecerró los ojos de manera sospechosa. Ante tal situación corrimos con tanta velocidad que parecieran salirle alas a nuestras piernas, nos perdimos en la maleza, y molesto el dragón empezó a echar fuego por sus fauces, prendiendo así la vegetación, se acercaba nuestro fin, pensamos que nadie podría salvarnos, cansados, tristes y acongojados, temiendo terminar nuestra existencia, calcinados o en la panza del dragón, nuestro último refugio era el lago; cuando entonces aparece nuestro amigo el alux (aquel que habíamos tratado bien ) y nos guió por un pasaje subterráneo para poder salir de allí. Que alivio sentimos, y mejor decidimos cerrar la puerta de acceso a ese otro mundo habiendo aprendido a evitar meternos donde no debemos y respetar las formas de vida diferentes a la nuestra. Fin
Hermoso, ¿Verdad?

Una fantasía muy acorde a los tiempos que vivimos.
Espero haya sido de su gusto.

Hasta la próxima.

luzmarev4@ hotmail.com

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