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Niño México

En la sección Reportaje por el 1 abril 2010 a las 1:45 pm

El nacimiento de un nuevo ser, debe llenarnos de algarabía y de esperanza, debe ser motivo de festejo y crearnos una preocupación, sana, sobre lo que el futuro nos deparará. El nacimiento de un nuevo ser debe representar una renovación del compromiso que tenemos con nuestros conciudadanos a fin de mantener la armonía y las buenas relaciones, así como el cuidado de nuestro espacio de desenvolvimiento. Sin embargo muchos padres convertimos esa preocupación en una tensión que hace abusemos de nuestra posición jerárquica en la familia para tomar decisiones en nombre de nuestros vástagos, aun cuando ellos no estén de acuerdo y obligándolos, de ser necesario.
Los Estados Unidos Mexicanos nacieron hace ya más de cien años, sin embargo, los órganos de gobierno nos siguen tratando como si nuestro país aun estuviera recién nacido o en su primera infancia. Siguen tomando decisiones por nosotros como si no fuéramos capaces de elegir correctamente; por un lado alaban la democracia y la decisión que tenemos después de un proceso electoral, pero por otro lado no son capaces de promover referendo o encuestas de opinión porque no contamos con la capacidad para tomar una decisión basada en el análisis.
Los órganos de gobierno, representados por gente que nosotros mismos ponemos (llámense diputados, senadores, presidentes municipales, gobernador o algún otro), toman decisiones basados en su nivel de vida o en sus más recientes vivencias, olvidando que en algún momento fueron o estuvieron en un nivel socioeconómico que les exigía levantar la voz para exigir mejores condiciones, pero que una vez conseguidas pareciera que perdieran toda voz a fin de mantenerse en la posición ya lograda.
Nos tratan como niños, no siguen imponiendo las ideas de “nuestros padres”, nos siguen “educando” para aceptar y continuar en esa mediocridad que nos impide cambiar o crecer; pero no todo es culpa de los gobernantes, también es culpa nuestra que no queremos crecer; que preferimos mantenernos en esa mediocridad que justifica lo que no estamos dispuestos a hacer y permite seguir culpando al vecino en lugar de hacernos responsables de nuestras propias acciones. Como niños, escuchamos y nos tragamos (mientras apretábamos los puños) los regaños y castigos de papá o mamá; sin embargo, conforme crecíamos, fuimos aprendiendo a defendernos, a exigir nuestros derechos y a realizar las acciones necesarias para no tener que seguir dependiendo de nuestros padres y, mucho menos, seguir aceptando regaños y castigos, comenzamos a trabajar o a responsabilizarnos por nuestros gastos, hasta el grado de ser personas independientes y con la capacidad de tomar nuestras propias decisiones… Ahora, me pregunto ¿Qué estamos haciendo, como mexicanos, para crecer y comenzar a ser tomados en cuenta como un pueblo maduro, o cuando menos en proceso de madures?.
La respuesta a la pregunta que se planteó en  el párrafo anterior ha tenido varias respuestas surgida de la boca de algunos compañeros, respuestas que más parecen justificantes que realidades y que no logran convencerme. Si bien hay cambios en política, hay cambios en las estructuras de gobierno, hay cambios en los planes educativos, hay cambios en las propuestas económicas, la vida sigue desarrollándose de la misma manera; apáticamente.
Podría destinar más líneas para quejarme o despotricar sobre lo que me rodea, pero ¿Para qué? ¿Qué lograría con solo quejarme?, es necesario comenzar a actuar, a crecer y demostrar que no somos niños incapaces de responsabilizarnos por nuestro desarrollo. Si no lo hacemos así, pues no nos sorprenda que, como sucede con los niños a los que mal educan, nos convirtamos en jóvenes llenos de violencias, de caprichos, de irresponsabilidad, u otra característica propia de quien no recibe una educación adecuada.
Con la ilusión de siempre espero que, nuestros dirigentes, pronto entiendan que la posición que ostentan no es un privilegio sino un compromiso por lograr el mejor desarrollo de nuestro país…. Y como con los padres, de ellos dependen que en nuestro país se acaben las situaciones de dolor, de desesperanza y anarquía.  Mientras espero que ese momento llega, me despido de ustedes, deseándoles un “Feliz día del Niño”, que a final de cuentas, eso somos y al parecer, no queremos dejar de ser.

M.E. Eduardo Ariel Herrera Avila

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