Confirmado: la OMS ratificó que el glifosato de las fumigaciones puede provocar cáncer

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MARZO 23, 2015
”Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)» y por otra parte el herbicida ”también causó daí±o del ADN y los cromosomas en las células humanas». De ese modo, la Organización Mundial de la Salud confirmó lo que hace más de una década afirman pueblos fumigados, vecinos en lucha, organizaciones sociales y académicos que no responden al sector empresario. Detalles de informe, en esta crónica exclusiva para lavaca Darí­o Aranda.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), máximo espacio internacional en materia sanitaria, acaba de alertar sobre la vinculación del herbicida glifosato (el más utilizado en el mundo) y el cáncer. Confirmó que existen ”pruebas» de que el herbicida puede producir cáncer en humanos y en animales de laboratorio. ”También causó daí±o del ADN y en los cromosomas en las células humanas», alerta el trabajo cientí­fico y detalla que se detectó glifosato en agua, alimentos, y en sangre y orina de humanos. El glifosato se utiliza de manera masiva en soja y maí­z transgénicos (entre otros cultivos) y desde hace más de diez aí±os es denunciado por organizaciones sociales, campesinas, médicos y cientí­ficos independientes de las empresas.

300 millones de litros
En Argentina se aplica glifosato en más de 28 millones de hectáreas, volcando a los suelos más de 300 millones de litros de glifosato cada aí±o. Los campos de soja transgénica, maí­z y algodón son rociados con el herbicida para que nada crezca, salvo los transgénicos. También está permitido su uso en cí­tricos, frutales de pepita (manzana, pera, membrillo), vid, yerba mate, girasol, pasturas, pinos y trigo. A partir del avance transgénico, aumentó geométricamente el uso del glifosato, desarrollado y comercializado inicialmente por Monsanto desde la década del ’70, aunque en el 2000 se venció la licencia y en la actualidad lo producen un centenar de empresas.

A medida que crecí­a la siembra de transgénicos, y mayor era el uso de agrotóxicos, se sumaban las denuncias por daí±os a la salud la salud. Caso emblemático de Argentina es el de las Madres del Barrio Ituzaingó Anexo en Córdoba, que incluso llegó a juicio penal con condenas para el productor y el fumigador. Y también se sumaron los estudios cientí­ficos que daban cuenta de abortos espontáneos, cáncer, malformaciones y afecciones agudas, entre otras consecuencias.

OMS
La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) es un ámbito especializado de la Organizaciones Mundial de la Salud (OMS). Luego de un aí±o de trabajo de 17 expertos de once paí­ses, el 20 de marzo emitió un documento inédito: ”Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)». Detalla que la evidencia en humanos corresponde a la exposición de agricultores de Estados Unidos, Canadá y Suecia, con publicaciones cientí­ficas desde 2001. Y destaca que el herbicida ”también causó daí±o del ADN y los cromosomas en las células humanas» (situación que tiene relación directa con el cáncer).

El IARC-OMS recuerda que, en estudios con ratones, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos habí­a clasificado al glifosato como posible cancerí­geno en 1985 pero luego (1991) modificó la calificación. Los cientí­ficos del IARC consideran que, desde la reevaluación de la EPA hasta la fecha, hubo ”hallazgos significativos y resultados positivos para llegar a la conclusión de que existen pruebas suficientes de carcinogenicidad en animales de experimentación» y afirman que estudios en personas reportaron ”incrementos en los marcadores sanguí­neos de daí±o cromosómico» después de fumigaciones con glifosato.

El documento se llama ”Evaluación de cinco insecticidas organofosforados y herbicidas». Fue publicado en la sede del IARC en Lyon (Francia) y remarca que las evaluaciones son realizadas por grupos de ”expertos internacionales» seleccionados sobre la base de sus conocimientos y sin conflictos de interés (no puede tener vinculación con las empresas). Publicaron un resumen de dos carillas y en breve estará el detalle en el denominado ”Volumen 112 de las Monografí­as del IARC».

En sangre y orina
La organización internacional recuerda que el glifosato es el herbicida de mayor uso mundial. Se utiliza en más de 750 productos diferentes para aplicaciones agrí­colas, forestales, urbanos y en el hogar. Su uso se ha incrementado notablemente con el desarrollo de variedades de cultivos transgénicos y precisa que el agroquí­mico ”ha sido detectado en el aire durante la pulverización, en agua y en los alimentos». Y reconoce que la población ”está expuesta principalmente a través de la residencia cerca de las zonas fumigadas». Precisa que el glifosato se detectó en la sangre y la orina de los trabajadores agrí­colas.

Con la nueva evaluación, el glifosato fue categorizado en el ”Grupo 2A», que significa en parámetros de la Organización Mundial de la Salud: ”Probablemente cancerí­geno para los seres humanos». Esta categorí­a se utiliza cuando hay ”pruebas limitadas» de carcinogenicidad en humanos y ”suficiente evidencia» en animales de experimentación. La evidencia ”limitada» significa que existe una ”asociación positiva entre la exposición al quí­mico y el cáncer» pero que no se pueden descartar ”otras explicaciones».

El IARC-OMS trabaja sobre cinco categorí­as de sustancias que tienen relación con el cáncer. El ”Grupo 2A» es la segunda categorí­a en peligrosidad, sólo superada por ”Grupo 1″, donde se ubican, por ejemplo, el asbesto y la radiación ionizante. ”Por la nueva clasificación, el glifosato es tan cancerí­geno como el PCB (compuesto quí­mico que se usaba en los transformadores eléctricos) y el formaldehido, ambos miembros del Grupo 2A en cuanto su capacidad de generar cáncer en humanos», explicó Medardo Avila Vazquez, de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.

”Se debe prohibir»
La publicación de la Organización Mundial de la Salud fue bien recibida por las organizaciones sociales y cientí­ficos independientes (no vinculados a las empresas). Aunque también coincidieron en que la OMS tardó demasiado en reconocer los efectos del glifosato. ”Es necesario saludar al IARC y a la OMS por ponerse al dí­a con las investigaciones cientí­ficas. Es muy importante esta publicación, habrá un antes y un después, ya que fortalece la posición de los que venimos reclamando a las academias y a los responsables polí­ticos la aplicación y plena vigencia del principio precautorio (tomar medidas urgentes para proteger a la población», reclamó Damián Verzeí±assi, de la Cátedra de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario. ”La OMS lo admitió, ya no pueden quedar dudas, el problema es mucho mayor de lo que se dice. El glifosato ha seguido el mismo camino que el endosulfan, el DDT, el cigarrillo y el Tamiflu», explicó el investigador de la UNR.

Raúl Horacio Lucero, biólogo molecular e investigador de la Universidad del Nordeste, llamó a aplicar de manera urgente el principio precautorio vigente en la ley: ”Se debe prohibir ya la comercialización y aplicación de este veneno». También lamentó la demora de la OMS: ”Si nos hubieran escuchado hace diez aí±os se hubieran salvado muchas vidas».

Otros agrotóxicos
El IARC-OMS también evaluó al malatión (herbicida) y al diazinón (insecticidas) como probable cancerí­geno para los humanos (Grupo 2A, al igual que el glifosato). Los insecticidas tetraclorvinfos y paratión fueron clasificados como posiblemente cancerí­geno para los seres humanos (Grupo 2B, con pruebas convincentes de que estos agentes causantes de cáncer en animales de laboratorio). Para el Malathion determinaron la vinculación con daí±o en el ADNI humano y tumores en roedores.

Monsanto
La empresa Monsanto, creadora del glifosato (bajo la marca Roundup) y principal seí±alada por la denuncias de perjuicios a la salud, siempre defendió su agroquí­mico en base a la clasificación de la OMS. La gacetilla institucional, que aún está en el sitio de Internet, llamado ”Acerca del glifosato», resalta que la OMS lo ubica como ”producto que normalmente no ofrece peligro» y remarca en negrita un trabajo de 2004 en el que la OMS lo calificaba como ”no cancerí­geno».

Monsanto siempre utilizó los argumentos de la OMS. Pero ayer cambió de opinión: ”La IARC ha estado bajo crí­ticas tanto por su proceso como el sesgo que ha demostrado». La compaí±í­a acusó a la agencia de la OMS de que su conclusión no es exhaustiva, la considera ”sesgada» y la acusa de no basarse en ”ciencia de calidad». Advirtió que ya entró en contacto con la OMS para solicitar una revisión del trabajo.

El comunicado de la mayor corporación del agro mundial sostiene que la clasificación de la IARC-OMS ”no se apoya en datos cientí­ficos». Alcanza con ver el documento oficial de la Agencia Internacional para la Investigación contra el Cáncer (IARC) para contabilizar al menos 16 trabajos cientí­ficos que confirman los efectos de los agroquí­micos. Se citan investigaciones de 1985 hasta de 2015. No figuran los trabajos de David Saltamiras ni de Gary Williams, dos cientí­ficos que suelen atacar todo argumento académico contrario a los transgénicos y a los agroquí­micos. No es casual: Saltamiras y Williams son empleados de Monsanto y por eso sus trabajos no figuran en la evaluación de la OMS.

Monsanto fue la creadora y mayor comercializadora de glifosato. En el 2000 venció su licencia, lo que abrió pasó a que otras empresas lo produzcan. En Argentina producen el herbicida las compaí±í­as Syngenta, Basf, Bayer, Dupont, Dow Agrosciences, Atanor, YPF, Nidera, Nufarm, Red Surcos, Vicentí­n y Sigma Agro, entre otras.

Carrasco tení­a razón
Según estadí­stica de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe), que reúne a todas las grandes empresas de agroquí­micos, en 1996 (cuando se aprobó la primera soja transgénica) se usaban en Argentina once millones de litros de glifosato. En 2012 se vendieron 182 millones de litros de glifosato. Desde hace tres aí±os que Casafe no hace públicas las estadí­sticas de uso. Sí­ lo actualizó la Red de Médicos de Pueblos Fumigados. Afirma que en los campos argentinos se arrojan 320 millones de litros de glifosato por aí±o y trece millones de personas en riesgo de ser afectadas por el quí­mico.

Andrés Carrasco, jefe del Laboratorio de Embriologí­a Molecular de la Facultad de Medicina de la UBA e investigador principal del Conicet, confirmó en 2009 que el glifosato producí­a malformaciones en embriones anfibios, incluso en dosis hasta muy inferiores a las utilizadas en el campo. En 2010 publicó su trabajo en la revista cientí­fica estadounidense Chemical Research in Toxicology (Investigación Quí­mica en Toxicologí­a). Debió enfrentar una campaí±a de desprestigio por parte de las empresas, de sectores de la academia y de funcionarios polí­ticos, como el ministro de Ciencia, Lino Baraí±ao. ”Los transgénicos y los agrotóxicos en Argentina son un experimento masivo a cielo abierto», solí­a advertir en disertaciones y entrevistas. Carrasco, fallecido en mayo de 2014, afirmaba que la mayor prueba de los efectos de los agrotóxicos no habí­a que buscarlas en los laboratorios, sino ir a las comunidades fumigadas.

Raúl Horacio Lucero, investigador chaqueí±o, le escribió ayer un correo a este periodista: ”¿De qué se disfrazarán ahora los expertos del Conicet que tanto atacaron a Andrés Carrasco?».

Viviana Peralta de San Jorge (Santa Fe), Laura Mazzitelli y Elio Serví­n de La Leonesa (Chaco), Fabián Tomasi y Don Julio Ariza (Entre Rí­os), Miriam Samudio de Puerto Piray (Misiones), Sofí­a Gatica y Marí­a Godoy del Barrio Ituzaingó (Córdoba), Marí­a Cristina Monsalvo y Ví­ctor Fernández (de Alberti, Buenos Aires). Una mí­nima muestra de quiénes denuncian desde hace aí±os los efectos de los agroquí­micos. Fueron, la mayorí­a de las veces, desoí­dos y maltratados por el poder polí­tico, judicial y mediático.

La Organización Mundial de la Salud comenzó a reconocer que los vecinos de a pie tení­an razón.

uccs.mx/agricultura_alimentacion

Graciela Machuca

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