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Menores afectados emocionalmente en Cancún municipio gobernado por el PVEM

En la sección Actualidad por el 12 mayo 2017 a las 10:47 am

POR ESTO

Los hechos violentos que se repiten casi día a día en Cancún, las balaceras y ejecuciones, además de cobrarse víctimas inocentes que tuvieron la mala fortuna de encontrarse en el lugar y hora equivocados, afectan emocionalmente a los niños que han sido testigos de algún acontecimiento de este tipo, cuyo rendimiento escolar baja notablemente.
Hay niños que, tras presenciar una ejecución, ser testigos de una balacera o asalto con violencia, sienten temor hasta de acudir a clases, tal es el impacto emocional recibido y lo peor es que a veces los papás no saben cómo manejar la situación, lo que puede provocar daños irreversibles, dada la sensibilidad de los pequeños.
Incluso en ocasiones los primeros en percatarse de que algo cambió en la mente del niño son sus propios maestros, al observar comportamientos distintos a los habituales.
Un maestro de educación primaria manifestó que tiene que lidiar con un alumno que vive muy cerca del lugar donde se registró una ejecución; lamentablemente vio el cuerpo y desde entonces no quiere ir a la escuela por la simple y sencilla razón de que siente terror de que los acontecimientos se repitan y pueda resultar lastimado.
“Lo importante es que los papás encaucen lo negativo hacia lo positivo, tratar de mantener la armonía familiar y tomar en cuenta las orientaciones que puedan proporcionárseles en la escuela, si es necesario llevarlos a terapia tanto al niño como a los papás, pero sobre todo, fomentar una mayor comunicación como pareja y con los hijos”, expresó.
Y ante la ola de violencia e inseguridad que predomina en el destino, comienzan a cambiar las costumbres entre los paterfamilias, en el sentido de que actualmente son muy pocos los niños que regresan solos a sus casas después de la jornada escolar.
Antes era común encontrar a los famosos “niños de la llave”, que ante el hecho de que papá y mamá trabajan y sus horarios no son compatibles, se veían orillados a volver solos a su hogar y esperar la llegada de sus progenitores sin más compañía que el televisor, la computadora o el teléfono celular.
Ahora, la mayor parte de los “niños de la llave” siguen quedándose solos en casa hasta el retorno de sus padres, pero son pocos los que se regresan a sus hogares sin compañía: bien alguno de sus papás saca tiempo de donde no hay para acudir a buscarlo o solicita el apoyo de algún paterfamilia que viva cerca para que cuando vaya a recoger a sus hijos también se encargue de los ajenos, al menos en el trayecto de vuelta al hogar, lo que minimiza los riesgos de ser asaltado o golpeado por extraños o sus mismos compañeros de escuela.

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