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AMLO inicia campaña electoral por la ruta del Tren Maya

En la sección LA COLUMnita NECESARIAMENTE INCOMODA, Política, Turismo sin Fronteras por el 13 junio 2020 a las 2:08 pm

Necesariamente Incómoda


**Las responsabilidades administrativas y penales que vienen
**Rendición de cuentas y transparencia sobre decisiones de gobierno
Graciela Machuca Martínez
En medio del estrés colectivo generado por la incertidumbre de la pandemia, bajo nubarrones de un descalabro económico y a pesar de llamado del mismo gobierno federal a quedarse en casa, el presidente de México y muchos gobernadores del país, decidieron iniciar campaña electoral durante la primera semana de junio de 2020, en espera de obtener frutos el 6 de junio del año que viene.
Andrés Manuel López Obrador decidió terminar con la sana distancia y reiniciar su periplo electoral por los estados por donde cruzará el su Tren Maya: Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, a pesar que para el primero de junio aún no se llegaba al famoso pico de la pandemia.
Personas estudiosas de las ciencias políticas han calificado dichas elecciones como históricas para México, porque por primera vez coincidirán comicios municipales, estatales y federales y por ello, nadie de la clase política quiere quedarse fuera de la repartición del país, no les importa que cientos de personas estén muriendo diariamente por la COVID-19 y que miles ingresen a los hospitales y que otros tantos sean sometidos al aislamiento social, porque a pesar de estar contagiados por el coronavirus deben quedarse en su casa, hasta que su estado sea grave, para iniciar el peregrinar en busca de un espacio hospitalario.
A la clase política de este país no le interesa que millones de mexicanas y mexicanas hayan perdido sus empleos, que las pequeñas y medianas empresas estén en bancarrota, porque los cargos de representación popular que se disputarán en los comicios de 2021 les garantizan la vida de sus partidos políticos y su financiamiento personal a través de la administración pública.
Habrá elecciones para renovar gubernaturas en 13 entidades federativas, en 27 se renovarán las legislaturas locales y en 28 los ayuntamientos. Además, de las 500 diputaciones federales. Son más de tres mil cargos de elección popular.
Los comicios del 6 de junio de 2021 permitirán el reacomodo de las fuerzas políticas del país, con el apoyo y para beneficio de sus aliados económicos, por ello, lo que esté pasando actualmente la sociedad con la pandemia ya pasó a segundo plano, ahora el reto es que el presidente de la república, con el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el partido que fundó para llegar al poder, o sin él, conserve la mayoría en la Cámara de Diputados Federal, porque de lo contrario, su proyecto de gobierno estará en riesgo.
Vemos que varios gobernadores no se quedaron atrás y tomaron el control de semáforos estatales de la pandemia para ir preparando el terreno electoral, ya que los comicios del año próximo se enfrentarán a la madre de todas las batallas, como se dijo en su momento durante la Guerra del Desierto en Irak.
Los capitales políticos están en juego y por ende la seguridad jurídica de muchos que va ligada a la seguridad económica. La soberbia y falta de visión de un estadista, permitió que a la contienda electoral que se avecina para el 2021 vayan a entrar los dueños de grandes capitales que operan en el país, como el de FEMSA, quien tuve que pagar impuestos, pero no recibió una respuesta diplomática del gobierno federal, sino una zancadilla al acusarlo de formar parte del llamado Bloque Opositor a AMLO (BOA).
Desde luego que hacen falta once meses y tres semanas para esas elecciones, pero en este periodo se deben acomodar muchas piezas de la política nacional por el bien del país, ya no de la clase política.
El gobierno federal y sus aliados serán sometidos a un severo escrutinio por parte no solo de la oposición, sino también de un sector considerable de los 30 millones de personas que votaron a su favor el primero de julio de 2018 y de aquellas que se abstuvieron, quienes optaron por no acudir a las urnas.
Ese escrutinio ciudadano estará dirigido a los resultados de los dos años y medio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, pero particularmente de cómo está haciendo frente a la pandemia de la COVID-19, porque de las acciones de gobierno y de las políticas públicas que se hayan aplicado durante esta emergencia nacional, dependen la vida y la salud de millones de mujeres y hombres, así como su seguridad económica.
El responsable de que el país salga con el menor o mayor daño de esta contingencia será el gobierno federal y los estatales y municipales en menor medida, porque la política en materia de salud la dicta el gobierno federal con las facultades que le da la Ley General de Salud.
Hasta el 12 de junio se llevaba un acumulado de 16 mil 448 defunciones y 139 mil 196 positivos, las prospecciones de universidades estadounidenses hablan que el número de muertos en México, por la pandemia, puede llegan a 75 mil, antes del invierno próximo, mientras que las autoridades mexicanas tienen una predicción máxima de 35 mil defunciones.
Para el 6 de junio de 2021, la sociedad mexicana habrá hecho un recuento de daños de lo ocurrido con la pandemia entre el mes de marzo de 2020 y el mes de mayo de 2021, para esa fecha se conocerán las cifras dolorosas y se estarán enfrentando las reacciones de los mercados financieros internacionales en las mesas de las familias mexicanas.
Entonces, será viable investigar y fincar responsabilidades administrativas o penales a las personas servidoras públicas que estuvieron al frente de la contingencias y a quienes, como gobierno, debieron tener un sistema de salud y un sistema económico sólidos para enfrentar la pandemia.
Cuando cada una y uno de los servidores públicos rindieron protesta como tales, se comprometieron a respetar la Constitución y a defender a la Patria, ambos conceptos no son solo filosóficos, sino materiales consagrados en la legislación administrativa y penal en el país.
Como nación, no se puede permitir, una vez más, que pase la emergencia y que cada quien se quede en casa a llorar a sus muertos y a lidiar con su descenso de la pobreza a la pobreza extrema. Si el país tuvo daños, no solo es responsabilidad de la naturaleza que creo el este coronavirus, sino de las personas que están al frente del gobierno, quienes deben explicar y rendir cuentas sobre el porqué de sus decisiones, porque para ello se les paga, cobran de los impuestos del pueblo y si se trata de ir hacia el cambio, la rendición de cuentas y asumir las responsabilidades es lo urgente.
En los tres niveles de gobierno hay personas acostumbradas a que todo se les aplauda, que si hacen un mal chiste, los contribuyentes se rían, que si el vocero de la presidencia de la república intenta declamar, que se le considere un intelectual. Como dice el presidente: “ahora las cosas ya cambiaron, ya no es como antes”. Entonces, cambiemos y estemos a la espera de la rendición de cuentas y que el poder judicial con la autonomía constitucional que tiene haga justicia a las víctimas de la pandemia que no debieron morir o quedar en bancarrota.
Como referente, tenemos lo que está sucediendo actualmente en Bérgamo, Lombardía, en Italia, donde se conformó un grupo de familiares de víctimas mortales por la COVID-19, quienes están demandando penalmente a las autoridades tanto federales como locales, para que rindan cuentas del porqué de sus decisiones de gobierno que generaron el elevado número de defunciones.
Hasta el momento se han presentado 50 denuncias penales en contra del gobierno y la fiscalía ha informado que llamará a declarar al jefe de gobierno y a integrantes del gabinete que tomaron decisiones. La organización ya presenta 150 denuncias más.
En España se investigan las muertes en las residencias para adultos mayores.
Para México, aún nos queda un largo trecho de la pandemia y como país, podemos aprovechar las experiencias de otros países, para evitar que el número de muertos se incremente, lo que se requiere es rectificar, aceptar que las cosas no se han hecho de la mejor manera, dejar a un lado los intereses político electorales, así como la soberbia y el egocentrismo.

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