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Abundio Canché Cobos……Historias de la Selva Maya:

En la sección LA COLUMnita NECESARIAMENTE INCOMODA por el 23 noviembre 2020 a las 7:07 pm

LA ENTREVISTA:


Graciela Machuca Martínez

Laguna Kaná, Quintana Roo – La agricultura, la ganadería y la producción forestal en las comunidades mayas del estado de Quintana Roo se encuentran en el olvido por parte de los tres niveles de gobierno, mientras que la organización ejidal fue víctima de la corrupción y de la falta de apoyo oficial, por lo que ya no se produce en el campo y los tiempos del hambre regresarán, sostiene Abundio Canché Cobos, quien a sus 65 años de edad, recuerda con nostalgia la riqueza de la selva en la década de los setenta, la cual, ahora, está muriendo.
Don Abundio, originario de Yoactun y ejidatario de Laguna Kaná, en el municipio de Felipe Carrillo Puerto, cuestiona como las virtudes del ejido, como organización indígena y campesina, fueron dejadas de lado por el propio gobierno, olvidándose del pueblo maya, el cual para sobrevivir permitió que gente extraña entrara a la selva a explotarla, sin respetar los planes de conservación.
LA CORRUPCIÓN Y EL OLVIDO GUBERNAMENTAL DESTRUYERON LA SELVA Y LA ORGANIZACIÓN EJIDAL EN QUINTANA ROO
En Laguna Kaná había 180 hombres ejidatarios con sus derechos agrarios a salvo, pero hoy en día 30 “ya se fueron”, el ejido está saqueado, la selva destruida, “la pobreza llevará a la gente al hambre, el gobierno se olvidó de nosotros, pero los mayas aquí sobrevivimos en la selva”.
Detiene sus recuerdos en el año de 1966, cuando “la selva era muy bonita”. En ese entonces, ante la belleza de la selva, no imaginó que iba a ir “decayendo poquito a poco”. De la selva salía todo. “En ese tiempo, el ingreso de la gente por la explotación de la resina del chicozapote eran muy importante, porque casi no había explotación forestal, la explotación del chicle no deteriora la selva, porque el árbol queda parado”.
Rememora que hubo un programa del gobierno que se llamó Bosques de Quintana Roo, fue cuando empezó “la venta de caoba”.
Se empezaron a cortar enormes árboles que tenían “como diez metros de altura y hasta 3 de grosor”, nadie imaginó que eso trajo consecuencias futuras “como en las que estamos viviendo, porque un árbol grandísimo, al caer… al suelo, destruye su alrededor donde cae, eso deteriora el medio ambiente”.
En ese tiempo “la gente no lo sabía, pero si es real, nos perjudica, porque al caer un árbol de 400 a 500 años de vida que tiene, cuando va llegar otro de ese tamaño, cuándo van a cubrir ese espacio, es cierto, van a germinar otros arbolitos, pero se necesita ese tiempo para volver a crecer del tamaño de dos metros de altura de su grosor”.
LA FALTA DE PLANEACIÓN Y PROGRAMAS DE GOBIERNO INEFICIENTES PROVOCARON QUE LA SELVA ESTÉ MURIENDO.
Pasaron cinco décadas y, ahora, con los planes de aprovechamiento forestal anual, “ni la gente ni la selva se benefician, se benefician los empresarios que compran la madera, los que la maquilan, los que la convierten en muebles, lo poco que recibe la gente que es dueña de la selva, ya lo debe, ya nada más paga la deuda, ya no le queda nada, pero si nos dejó recuerdos, como ahorita, el calentamiento global que está viviendo nuestro planeta”.
Vuelve a la imagen de esos enormes árboles que vio caer a partir de 1966 hasta la actualidad, “cuántos árboles ya fueron derrumbados, cuantos árboles ya no están en toda la selva, cuánto vamos a esperar para que crezcan de ese mismo tamaño, ahora se sufren las consecuencias, pero de esa situación no es tan culpable la gente, culpables también los gobiernos, porque no crean programas productivos para la gente del campo”.
Abundio muestra enojo, “el gobierno lo que hace es mejor dar el permiso para la venta de árboles, para que la gente tengan dinero, más no se imagina el gobierno que estamos destruyendo la selva, causando grandes problemas como la sequía, la escasez de maíz, la escasez de trabajo, dinero, de comida, porque todo viene de la producción de la milpa, y ahora aunque uno haga 10 o 20 hectáreas, no llueve, no resulta”.
A lo largo de su vida se fue especializando en la explotación de la madera y en la forma que sus antepasados cuidaban la selva, para conservar la vida, esa experiencia lo llevó a ser dirigente de la Organización de Ejidos Forestales y presidente del Comisariado Ejidal de Laguna Kaná.
La falta de producción de la milpa es consecuencia de que se ha destruido la selva, “porque de los años sesenta, cuando yo era niño, el maizal daba todo, hasta semilla de tomate se tiraba en la milpa, había para comer camote, yuca, frijol de guía, calabazas, todo hay, y hoy aunque lo siembres, ya no sé da, porque no hay lluvias”.
IMPRODUCTIVIDAD EN EL CAMPO LLEVARÁ AL SAQUEO DE GRANDES NEGOCIOS; EL SECTOR AGROPECUARIO YA NO PRODUCE.

Ante esta situación, el gobierno debe crear un programa especial, con sistema de riego, “se deben formar grupos, que cada cuatro hectáreas construyan un tanque elevado, aunque esté entre piedra puede producir, porque hay un sistema de riego, pero ese programa no lo hay, no existe, porque el gobierno ya no se preocupa de la gente del campo o la gente no lo exige”.
Los hombres del campo “ahorita si tenemos de qué exigir, porque estamos viendo la producción ahora, pues no da, por más que luchamos, entonces, cuando ya no hay, el hambre perjudica, como pasó en aquellos años cuando en la presidencia Municipal les echaron gas, porque reclamaron que no hay milpa ni qué comer, eso puede volver a suceder. El gobierno debe preocuparse respecto a la producción, no dar permiso solamente para explotar irracionalmente la madera”.
Considera que los planes de manejo forestal no están sirviendo, porque ahora, “de donde quiera sacan la madera, entonces no hay ni Profepa, no hay Forestal, cada quien saca madera a su gusto, las palizadas, donde quiera, pero se debe sacar del área destinada a explotar de manera anual, de allí se debe sacar, no por donde quiera, para que no se deteriore todo el medio ambiente”.
Recuerda que en el año 1984, como parte del trabajo de la Organización de Ejidos Forestales, en su ejido se diseñó un plan de manejo forestal y 25 años después se regresó a esas áreas ya explotadas, “y se saca buena madera, pero las palizadas las sacan en otro lado, entonces ya se está deteriorando por todos lados, eso quiere decir que ya no hay un plan de manejo, no hay un trabajo organizado”.
LA EXPLOTACIÓN IRRACIONAL DE LA SELVA MAYA Y DE OTRAS DEL PLANETA PROVOCÓ EL CALENTAMIENTO GLOBAL.
De este desorden responsabilizó a las autoridades federales, estatales y municipales, “porque no se preocupan en eso y la reforestación es lo que me da más coraje. Hace años, lo hacemos en el mero tiempo de lluvias y ahora la reforestación no se hace, el año pasado se reforestó en enero, pues estamos en secas, el árbol no vive, nada más un requisito para que Conafor dé el permiso, pues de qué nos sirve ese requisito, si no se hizo para el bien de toda la siembra del árbol, todos mueren, en cambio hace años, cuando fui comisariado del 87 a 90 se sembraba en el mes de julio”.
Asegura que “del árbol sale todo, hay un tabulador que se manejaba, se puede comprar semillas, nosotros nunca compramos planta, sembramos el vivero, pagamos la reforestación, sale el dinero para todo, pero ahora las autoridades ejidales solo se dedican a malgastar el dinero chupa y chupa, ya ni fondos ejidales hay, en ese tiempo, teníamos 90 millones de capital bancario, hoy ni siquiera 90 centavos hay, no se vale, el ejido está saqueado y acabado y las selvas destruidas, es la causa del calentamiento global, pero no solo este ejido, sino varios ejidos están igual, los explotan y sin fondos”.
Reconoce la necesidad de vender los árboles “pero de manera moderada, no exagerada, que se puede dar permiso un año, el otro no, hasta cada dos años para que no se vaya a acabar totalmente, porque de lo contrario en pocos años ya no hay selva”.
Cuestiona la poca vigilancia de las autoridades, la corrupción, la negligencia de la burocracia ambiental, “solo cobran su salario sentados en una silla, desde los escritorios, no salen al campo, por ello no se dan cuanta que a veces se tiene una autorización para cien metros cúbicos de madera y venden 150 o 200…”.

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