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Legionarios de Cristo deben reparar daños, reiteró “el cura rebelde” antes de morir

En la sección LA COLUMnita NECESARIAMENTE INCOMODA por el 1 diciembre 2020 a las 7:09 pm

**Pablo Pérez Guajardo, llamado “el cura rebelde” me concedió una entrevista a fines del mes de junio de 2019, el 27 de octubre se difundió la noticia de su muerte, a consecuencia de una falla cardiaca, cuando estaba de visita en el estado de Querétaro. Como un homenaje al ser humano que fue y ante los acontecimientos generados en los últimos días en la Iglesia Católica de Quintana Roo, difundo, por segunda ocasión, esta entrevista. La primera vez fue en el mes de julio de 2019.
Graciela Machuca Martínez
(Primera de dos partes)
Originario de Saltillo, Coahuila, el sacerdote Pablo Pérez Guajardo, ex integrante de la orden de Los Legionarios de Cristo, solo puede celebrar misas, porque el obispo de la Prelatura de Cancún-Chetumal, Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, le prohibió bautizar y consagrar matrimonios, por haberle pedido, por medio de una carta, a Álvaro Corcuera, director General de la Orden, deslindarse de su fundador Marcial Maciel Degollado, acusado de pedofilia y otros delitos.
Desde hace más de seis años fue castigado y retirado de su función sacerdotal en la parroquia La Guadalupana, ubicada en Playa del Carmen; logró reanudar su servicio sacerdotal en la Diócesis de Saltillo, pero meses después, el obispo Raúl Vera, le pidió que saliera de su jurisdicción, porque no podía tener a un exlegionario dentro de su equipo.
Regresó a vivir a Playa del Carmen y con motivo de los 50 años de la llegada de los Legionarios de Cristo a Quintana Roo, hace una reseña de lo que es y ha sido el trabajo de los legionarios en esta entidad, donde sí se quiere enmendar errores se debe empezar reparando daños, advirtió.
Marcial Maciel Degollado, fundó en el año de 1941 la organización los Legionarios de Cristo, en el año 1965, el papa Pablo VI (1963-1978), la reconoció oficialmente.
“Uno de los actos reparatorios de los Legionarios y de los obispos es cerrar el seminario menor de Chetumal, ¿Por qué? Según el tratado internacional de los derechos de la nlña, el niño y el adolescente de 1989 (Convención de los Derechos del Niño de la ONU), que es un tratado firmado y ratificado por El Vaticano, la Santa Sede de la Iglesia Católica, no debe haber niños institucionales”.
Aclaró: “los niños no deben vivir en instituciones, tienen el derecho de vivir en familia, sean sus padres o familia adoptiva, o familia de custodia, pero no dentro de un internado, los seminarios fueron un buen invento hace 500 años después del Concilio de Trento, pero en ese tiempo no había escuelas, no había instituciones educativas, no había Estado”.
Pérez Guajardo, rememora que hace medio milenio “no había educación pública, no existían congregaciones, como los lasallistas, los maristas, que se dedican a la educación, no existían las bibliotecas y no tenían los medios informáticos que tenemos hoy, de tal manera que antes la educación era extremadamente complicada y era preciso reducir, como les llaman, las reducciones en Paraguay, concentrar a la gente en un lugar para tener los maestros, los libros y el ambiente educativo y de alimentación para dárselos, pero hoy día es contraproducente”.
En un ejercicio comparativo comentó que para ser ingeniero, arquitecto, abogado, todo mundo puede vivir en su casa, con su familia e ir a la escuela y se capacita y luego tiene sus internados, sus servicios sociales, pero “¿Por qué la iglesia sigue usando con niños, con personas menores de 18 años, la misma metodología de hace 500 años?”.
Además, con la incertidumbre jurídica, penal, de la enorme cantidad de niños que han sufrido delitos sexuales dentro de los seminarios y dentro de los internados, “la Iglesia católica ya no debería tener ningún tipo de internado para menores de 18 años”.
Por ello, lo primero “que debería hacer el obispo, la prelatura, los Legionarios de Cristo, es quitar, cerrar el seminario de Chetumal, convertirlo, ya que tiene dos albercas y comedores y todo, en un lugar como fue en un tiempo, deportivo juvenil, un centro recreativo”.
El edificio de lo que ahora es el seminario menor en Chetumal se debe convertir en una escuela para niños de escasos recursos, con “una colegiatura que sea accesible, porque tenemos hoy día que la escuela privada se ha vuelto un negocio extremadamente lucrativo y, al mismo tiempo, inaccesible para muchísimas familias”.
Además, se debe liberar a las familias de gastos superfluos como son los uniformes, “creo que somos de los pocos países que todavía tenemos uniformes en las escuelas, seguimos todavía con la mentalidad facista, y al mismo tiempo capitalista, de imponer uniformes, eso implica un gasto muy grande, cuando el derecho a la educación no puede estar supeditado a la forma de vestir”.
Reconoce que puede haber unos lineamientos, pero no puede haber un uniforme y menos que el uniforme sea un obstáculo para la educación. “Digo esto para la escuela privada, como para la escuela pública, no debe haber uniformes, lo vemos en películas europeas y de Estados Unidos, que los niños no usan uniforme, somos un bicho raro, atrasado, seguimos con toda un mentalidad facista, de uniformar y hacer desfilar a los niños como en tiempos de Hitler y de Mussolini”.
LA DESAPARICIÓN DE 12 MONJAS EXPULSADAS POR EL OBISPO DE CHETUMAL
Hace tres años, el obispo de Chetumal expulsó de la diócesis a un sacerdote que fue denunciado de abuso sexuales y de otras malas prácticas dentro el sacerdocio, pero también expulsó a 12 mojas que trabajaban con él y de este grupo de mujeres nada se sabe sobre su paradero y cuando se le pregunta al obispo solo guarda silencio, lo que despertó la preocupación de la feligresía y de organizaciones que defienden derechos de mujeres, pero la jerarquía católica en Quintana Roo se niega hablar sobre el tema.
Al respecto, Pérez Guajardo dice que este asunto “fue muy simple, vamos a decir, aquí en este territorio legionario los obispos nunca han querido tener a integrantes de las grandes congregaciones internacionales ni masculinas ni femeninas, aquí no hay jesuitas, no hay dominicos, los pocos franciscanos que hay es porque estaban aquí desde hace 500 años”.
Después llegaron los sacerdotes diocesanos de Estados Unidos y a finales de la década de los sesenta llegaron a Quintana Roo los Legionarios de Cristo, a quienes se les creó la Prelatura Cancún-Chetumal. (Ahora elevada a Diócesis).
Los legionarios, al tener el control de la jerarquía católica en la entidad, determinaron no tener bajo su jurisdicción a mojas de congregaciones grandes, tipo Madre Teresa de Calcuta, pero sí allegarse del servicio de congregaciones nuevas, chiquitas, en las que la autoridad suprema sea el obispo, para poder “hacer y deshacer con ellas como quieren y en este caso, estas monjas eran las que organizaban, con un enorme éxito, anualmente, los congresos marianos, una gran organización, llenaban el centro de convenciones, estadios, excelente organización”,
Pero supuestamente, el fundador de esta congregación “tuvo el típico, caso sexual y de escándalo, entonces, el obispo arrasó con todos, a la parte sacerdotal la corrió y a las monjas también las corrió, pero en el caso de los sacerdotes se van a otras diócesis, a otro seminario, etcétera, pero estas doce religiosas, monjas, consagradas, nunca se dijo a donde fueron”.
Se ha cuestionado “muchísimas veces, se le ha preguntado y el obispo nunca ha querido responder dónde están, con lo fácil que es decir, pues mira, esta se casó, esta vive con su familia, esta es maestra en una escuela, esta otra está en un hospital psiquiátrico, ésta ya murió en un accidente de carretera, o lo que sea, además, no son un número indeterminado, son 12, con nombre y apellido, se puede decir dónde están”.
El obispo puede decirle a la Fiscalía, al Instituto Quintanarroense de la Mujer, a las organizaciones civiles que defienden derechos de las mujeres, aquí están los datos y verifiquen cómo están. ¿Pero por qué no se quiere decir dónde están, a la mejor simplemente, un afán de no digo porque no me da la gana, no tengo porque decir dónde están y no lo voy a decir, lo cual me parece muy infantil”.
Pérez Guajardo, quien trabajo de 1986 a 2006 en las oficinas centrales de los Legionarios de Cristo en Roma, en tareas administrativas y quien conoció personalmente a Marcial Maciel, dijo que en el caso de las 12 mojas desaparecidas de Cancún, “lo único que queremos saber, como parte de las celebraciones de los 50 años de los Legionarios de Cristo, es, dónde están”.
Considera que la transparencia, “tiene que estar en todos los campos, no solamente en la parte administrativa. La cordialidad, la transparencia y el aceptar errores, todos somos seres humanos, todos cometemos errores y todas nuestras instituciones tienen errores, porque están constituidas por seres humanos, la solución no es destruir instituciones, sino corregir lo que no funciona, a veces las instituciones funcionan mal, pero funcionan, lo que hay que hacer es mejorarlas”.
EL CASO PENDIENTE DE ANA LUCIA, ABUSADA SEXUALMENTE CUNDO ERA NIÑA POR EL ENTONCES DIRECTOR DEL COLEGIO CUMBRES EN CANCÚN
Ana Lucía Salazar es una mujer que denunció recientemente que fue víctima de abusos sexuales durante su niñez por parte del sacerdote y director del Instituto Cumbres de Cancún, Fernando Martínez Suárez, a pesar de que cuando se denunció el caso, llegó a Cancún el director general de Los Legionarios de Cristo, ahora la orden dice que desconocía el caso, pero que se investigará.
Pérez Guajardo comentó que personalmente no conoce a Ana Lucía, pero que ha conversado con ella vía telefónica.
Durante esas conversaciones y por lo que Ana Lucía ha difundido por redes sociales y a través de otros medios de comunicación, “ella ha dicho que en 1992, Fernando Martínez Suárez abusó de ella, él era el primer director del Instituto Cumbres de Cancún”.
Abusando de su autoridad, “la llevaba a la capilla y en la capilla era donde cometía los abusos de ella y de otras niñas, el asunto se vuelve problema dentro de la escuela, cuando las niñas de ocho años ven que el padre lleva a una niña del quinder de cuatro años y ya les pareció, para que a unas niñas de ocho años les pareciera monstruoso que le hiciera cosas malas a una niña de cuatro, imagínate que brutalidad”.
Reflexiona al respecto. “Si unas niñas de ocho años que no tenían ni el vocabulario para poder expresas lo que les estaba pasando, se dan cuenta que le están haciendo lo mismo a una niña más chiquita, entonces ya se lo cuentan a los papás, sale todo y hay una reunión y una de esas cuestiones muy hábilmente llevadas vino el padre Eloy Bedia Diez, quien era el director nacional de Los Legionarios de Cristo, un español”.
Bedia Diez, “convence o hace ver a los papás que no hay que hablar para evitar daños en la mente de los niños y la fama de los niños, de la familia, y de tal, tal y tal, entonces los convierte en cómplices mediante el silencio, los padres de Ana Lucía si se quejan, incluso Ana Lucia me cuenta que los otros papás tuvieron que detener a su padre, porque empezó a darle una golpiza al padre”.
Si hubo reacciones, si hubo protestas, pero mejor nadie vio, nadie sabe, todo mundo se calla, no queremos que hablen mal de nuestros hijos y de nuestras familias, aquí no pasó nada, “al padrecito ya lo van a cambiar, lo van a mandar, como les dijeron, a cuidar ancianitos a otro lugar, no lo mandaron a cuidar ancianitos, lo mandaron a Salamanca, España, al noviciado y en el noviciado son puros jovencitos adolescentes”, expuso Pérez Guajardo.
Recuerda que después de la crisis de Los Legionarios, “perdieron prácticamente todas las vocaciones de España y de otros lugares y el gran noviciado de Salamanca, que llegó a tener hasta 300, pues se quedó vacío, entonces lo pasaron a una casa de retiros en las afueras de Madrid, y al padre Fernando Martínez lo mandan a Roma”, pero Los Legionarios dicen que no saben del caso.
Ana Lucía, se dedicó a investigar y por medio de redes sociales “logra saber que el padre Fernando Martínez sí está en Roma, después de haber estado en Salamanca, España, lo mandan a Roma, la legión hace un comunicado y dice que va a investigar, El Vaticano dice que no sabe nada, entonces, en este punto, el caso de Ana Lucía Salazar está perfectamente conocido por parte de Legionarios de Cristo y por parte de El Vaticano, aunque digan que no sabían nada, pues ya saben ahora”.
Y tan sabían Los Legionarios que lo sacaron de Cancún, lo mandaron a Salamanca y de Salamanca a Roma, los sabían “tanto El Vaticano, como la cúpula legionaria y los obispos de Cancún, tanto el emérito, Jorge Bernal, como el actual Pedro Pablo Elizondo Cárdenas”.
Considera que para que este caso se aclare, el padre Fernando Martínez, debe dar la cara. “Lo más honesto, lo más claro, lo más transparente que deberían hacer es que el padre Fernando Martínez Suárez venga a Cancún y que dé la cara y que platique, incluso públicamente, con Ana Lucía Salazar, si no hay nada de que temer, pues qué bueno, que se aclare, pero si no la traen, quiere decir que hay un clarísimo encubrimiento tanto por parte de los Legionarios como de El Vaticano”.
Los superiores son los que tienen la responsabilidad, “una, si realmente es inocente, por qué no lo traen y si es culpable, porque lo encubren. El lugar que debe tener el padre Fernando Martínez Suárez, aunque tenga 79 años, es en Cancún y enfrentar las consecuencias de sus actos, porque no tiene sentido de decir, pobre viejito, ya tiene 79 años, los delitos y los crímenes y todo eso, no prescriben, como no prescriben los daños morales y psicológicos y físicos que han ocasionado a tantas personas”.
LA FALTA DE TRANSPARENCIA ADMINISTRATIVA Y LEGAL DE LOS LEGIONARIOS DE CRISTO
Otro pendiente que deben resolver Los Legionarios de Cristo es el manejo de los recursos de la orden, ya que existen señalamientos de malos manejos, de lavado de dinero, de invasiones de predios propiedad de comunidades, así como tráfico de influencias.
Pérez Guajardo sugirió que para transparentar las cuentas Los Legionarios y la iglesia católica mexicana puede hacer lo que se acostumbra en otros países, “la contabilidad de la prelatura está Internet, o sea que todos los fieles y no fieles, que todos los ciudadanos, tengan acceso a la contabilidad”.

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