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TEXTO IRREVENTE

En la sección Libertad de Expresión y Periodismo por el 1 octubre 2012 a las 4:45 pm

01 Octubre, 2012 06:07:00

Por Andrés Timoteo

A LA DISTANCIA

Los lectores, que son el pilar de todo medio informativo y de todo periodista, merecen respeto y por eso hoy reanudo los textos irreverentes informándoles sobre mi situación tras dos semanas de ausencia -y a la vez, ofrezco una disculpa por escribir en primera persona pero el caso lo amerita-.

Sin abundar en detalles porque las condiciones lo impiden, mi salida de México obedeció al contexto de inseguridad que se vive, especialmente en Veracruz que está convertido en tierra inhóspita para el libre ejercicio periodístico. No estoy becado por ninguna institución gubernamental ni de México ni del extranjero sino que sobrevivo por mi cuenta como cualquier otro migrantes latinoamericano en Europa.

El gobierno de Francia -cuyos diplomáticos tienen una radiografía extraordinariamente exacta de lo que sucede en Veracruz- generosamente me abrió las puertas de su país y fui recibido con amabilidad. A la par, tres organizaciones: Reporteros Sin Fronteras (RSF), la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Prensa (WAN-IFRA, por sus siglas en inglés) y el Centro Doha para la Libertad de Medios, con sede en el reino de Qatar, formaron un frente para arropar mi traslado al viejo continente.

A estas agrupaciones, y primordialmente a los amigos Balbina Flores, Margriet Zoethout, Benoît Hervieu y Rodrigo Bonilla que han caminado a mi lado en estas semanas, les agradezco profundamente su apoyo y acompañamiento. También agradezco a mis casas editoriales Notiver, La Jornada y El Buen Tono el respaldo que me brindaron para salvaguardar mi integridad. No me separo de ellos ni de sus lectores pues, a la distancia, nos reencontramos en estas trincheras.

Los tres periódicos son eso exactamente: mis casas, un espacio familiar donde encontré refugio cuando fue necesario y en el momento que ya no se pudo garantizar el resguardo, se me permitió emprender el éxodo sin dejar de apoyarme desde la lejanía.

También va mi gratitud a todos los colegas que mostraron su solidaridad y que me buscaron en el afán de conocer mi situación. Mi admiración a ellos que en Veracruz mantienen en alto el quehacer periodístico. Los respeto y los abrazo, también a la distancia.

¿Regresar?. No hay fecha ni animo. Las noticias que llegan a Europa desde allá son sombrías y es vaga la esperanza de que mejore la situación aun con el cambio presidencial que se aproxima. Los ataques contra la libertad de prensa continúan y no hay mecanismos eficientes ni voluntad gubernamental para garantizar la salvaguarda de los periodistas.

Las cifras que algunas organizaciones civiles han dado sobre los informadores que han salido de Veracruz se quedan cortas frente a la realidad. Son treinta periodistas que ya dejaron el estado y de ellos, cinco estamos en el extranjero. El resto anda disperso -y prácticamente huyendo- por diversos estados del país. El contacto con los otros colegas es escaso pero aun así se han conocido historias de necesidad y abandono en muchos de ellos.

Algunos huyeron a sugerencia – casi orden- de funcionarios estatales que les advirtieron sobre un inminente riesgo de ser asesinados y les ofrecieron, a nombre del gobernador Javier Duarte de Ochoa, un puñado de monedas para que “se tomaran una vacaciones lejos de Veracruz”. Como muestra de la “buena voluntad” de Duarte de Ochoa, les ofrecieron “traslado con vigilancia” hacia otra entidad.

A bordo de una patrulla de la Secretaría de Seguridad Pública los llevaron hasta la central de autobuses de la ciudad de Puebla y ahí los dejan a su suerte para que aborden un camión a cualquier destino. Pero, ¿quién puede sentirse seguro bajo el resguardo de policías veracruzanos?.

Lo lamentable es que en muchos casos la famosa Comisión Estatal para la Protección de Periodistas es la gestora de las dádivas monetarias para costear las “vacaciones fuera de Veracruz” de reporteros incomodos o de aquellos que puedan ser agredidos en un futuro y que le puedan significar otro escanda mediático al gobernante en turno.

La paquiderma comisión en lugar de pugnar para que las autoridades se hagan responsables de ofrecer garantías para el ejercicio periodístico, terminó convertida en una agencia de traslados forzados. Para ellos la solución es sacar del estado a los comunicadores cuyas futuras agresiones puedan abonar el desprestigio que ya tiene el gobierno duartista.

Sin embargo, lo más ominoso es que el propio gobernador Javier Duarte ha presionado a los dueños y directivos de medios para que obliguen a determinados reporteros a irse de Veracruz, sobre todo a los que cubren la nota policiaca y en algunos casos ha exigido el despido de los mismos para que un eventual ataque en su contra no “contamine” de escándalo ni a la empresa periodística ni a su administración. A ese grado ha llegado la irresponsabilidad gubernamental en Veracruz.

¿Qué sucedió para que la entidad se volviera tierra hostil para la prensa?. La respuesta se nos debe a todos. Un periodista no se merece un trato así. Ni morir ni desaparecer ni recibir migajas para huir forzadamente ni exiliarse por lo que escribe. En un texto divulgado hace unos meses, un escritor comparaba a los reporteros con las ranas y las abejas pues cuando estos animalitos comienzan a morir o desaparecer de los estanques y los valles es una señal de peligro para todos.

El organismo de estos insectos y batracios es tan sensible que son los primeros en resentir cuando el agua y el aire vienen envenenados, mueren o se van, antes de que el resto de la fauna lo perciba. Si los otros habitantes de los charcos y la pradera no saben interpretar este fenómeno, entonces ellos mismos sufrirán el envenenamiento del que fueron alertados cuando ya no oyeron cantar a las ranas ni vieron volar a las abejas. Ni mas ni menos.

DESDE LA SEINE 

Estimados lectores. Con la regularidad que permita la distancia, la diferencia de horario y demás vicisitudes, nos seguiremos encontrando en este espacio redactado desde las orillas de La Seine (río es femenino para los franceses). Y me despido con un fragmento de la composición de Jacquelin Françoise sobre esta riviera: “Elle chante, chante, chante/ chante le jour et la nuit./ Car la Seine est une amante/ et son amant c’est París!” (Ella canta, canta, canta/ canta en el día y en la noche./ Ya que la Seine es una amante/ y su amado es París!). Au revoir

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